1. Incrementar la inversión en adaptación y resiliencia climática

Los niños y niñas de las comunidades que menos han contribuido a las emisiones globales se enfrentarán a los mayores impactos del cambio climático. Son las comunidades en las que más crecerá la población infantil en las próximas décadas y para estos niños y niñas la reducción de las emisiones de CO2 llegará demasiado tarde, dado que llevará décadas que se note en el impacto climático que ya hemos provocado.

Es esencial desarrollar la resiliencia de los servicios sociales de los que dependen estos niños y niñas: agua, salud y educación son fundamentales para reducir los riesgos a los que se enfrentarán.

Desde UNICEF instamos a los países desarrollados a superar la promesa que hicieron en 2009 de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para financiación climática, a la luz de la evidencia de que esa cifra es insuficiente para abordar impactos climáticos de esta escala, y a poner más énfasis en la financiación para desarrollar la resiliencia climática y la capacidad de adaptación.

2. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero

Es imperativo que en la COP26 los líderes se comprometan a reducir las emisiones de manera más rápida y profunda. Instamos a los países a reducir sus emisiones en al menos un 45% (en comparación con los niveles de 2010) para 2030 para mantener el calentamiento a no más de 1,5 grados Celsius.

3. Incluir a los jóvenes en todas las negociaciones y decisiones sobre el clima

Los niños, niñas y adolescentes siguen estando infrarrepresentados en las políticas y los debates sobre el clima, a pesar de que son los más interesados en soluciones sostenibles. Esto limita su capacidad para influir en las decisiones que son fundamentales para su futuro y no les ayuda a liderar el mundo que heredarán.

Todos aquellos que viven hoy en día nacieron en un mundo plenamente consciente de las consecuencias de la inacción sobre el cambio climático, pero los líderes no están siendo capaces de ponerse de acuerdo sobre las medidas para detenerlo.

La comunidad internacional debe emplear las discusiones que quedan por delante en la COP26 en convertir las palabras en acciones. Deben crear ya comunidades más seguras para los niños afectados y acordar un camino a seguir para prevenir los peores impactos del cambio climático sobre todas las personas, dondequiera que estén.